Trato de entenderlos Señores de la guerra, pero no puedo. Lo que ustedes buscan es negociar con la miseria y el sufrimiento humano. Les escribo las siguientes palabras para informarles mi incomprensión y, quizás, buscando un poco de iluminación acerca de la naturaleza de sus actos.
La guerra siempre ha estado alli, una constante y latente necesidad humana. Hemos crecido y ella ha evolucionado con nosotros. Creamos deidades para controlarla y hacerla justa; y siempre que se habla de conquista y defensa la ejecutamos con maestría y valentía. Las guerras de antaño aunque violentas y sangrientas eran un enfrentamiento de fuerza y estrategia, fue en estas batallas donde se encontraron los grandes héroes y las canciones eternas. Se escribió poesía y se liberó el pueblo. Epopeyas épicas han sido plasmadas en todas las formas de arte para honrar lo bélico a través de los años.
¿Hoy en día? Todo parece absurdo. Las fronteras no cambian y la belleza de la guerra se ha cambiado por algo turbio y confuso: Economía.
Ya no tenemos una Helena, sin embargo, hemos conseguido diamantes en Sierra Leona. Hemos transformado el canto de los halcones de Apolo en gritos de madres desesperadas. Los guerreros caídos ya no son inmolados en enormes piras hechas de la madera podrida y lastimada de los galeones. Hoy, en nuestros, tiempos los hijos, sobrinos, hermanos o nietos son entregados envueltos en banderas coloridas hechas en china. Los soldados de nuestra tierra ahora le piden bonos a una cuenta bancaria en vez de aclamar a los dioses golpeando sus petos, azuzados por los gritos de imponentes centuriones. El soldado ha perdido su significado. Para mí todos son mercenarios de su economía, Señores de la Guerra.
Cuando la vida era joven y corta, los hombres grandes marchaban entre cánticos y gritos de poder hacia la negrura de la batalla. Los soldados disfrazados de posibilidades de nuestra vida abordan veloces aviones y barcos donde son bañados en rios de opulencia. Basta carecer del cansancio previo a la batalla para que esta se haga mecánica e inhumana. Hoy el juego previo a la guerra es psicológico e inducido. Analizado por científicos que envenenan la mente de nuestros hermanos al convertirlos en extensiones de sus armas. La guerra que ahora veo se torna análoga y artificial. Y los culpo a ustedes de tratar a los valientes como muñecas pusilánimes. De disfrazarlos para la efectividad y no para la ventaja táctica del miedo infundido a través de la potencia del grito, de la máscara del Samurai y de la ferocidad del bárbaro vikingo. Se ha perdido el guerrero. Trasciende hoy la herramienta sintética deshechable.
Dejenme hablarles del daño colateral. Cuando vemos las peliculas de sandalias y espadas tocamos un poco de la violencia del tiempo de nuestros apellidos. Las masacres de Atila y sus Hunos. “...por donde los caballos del bárbaro pisan no vuelve a crecer ni el pasto...”. ¡Si! Las violaciones y el pillaje pueden ser interpretados como indicios de la barbarie del pasado, ahora tenemos bombardeos guiados por láser; más precisos, es cierto; pero, ¿A quién apuntamos Señores de la Guerra? Los niños mutilados por su metralla esparcida. Canales de lagrimas resecas en los rostros de nuestra próxima generación enmarcados en esos ojos llenos de experiencias innecesarias. En los tiempos anteriores las guerras eran brutales, Sí. Hoy la información es curiosa y siempre habrá un lente constante dispuesto a fotografiar el daño de ustedes. Lo vemos con ojos de lástima y es nuestra culpa no hacer nada al respecto. La impotencia del terror que ustedes nos provocan hace que ignoremos la súplica inmersa en la mirada de la madre envuelta en violencia extensiva y constante. Pido disculpa ante mi indifierencia, ante nuestra indiferencia. Ustedes son verdaderamente intimidantes.
Los cambios en la historia no creo que sean relevantes. En el fondo de las cosas ya nada cambia... vivimos con ese miedo heredado al holocausto nuclear y estoy seguro que ustedes se aseguran de tatuarlo mas profundamente en nuestros espíritus con sus noticias alarmantes de posesión de armas destructoras de la piedra eterna en paises alteradamente agresivos. Ahora permítanme diferir, Señores de la Guerra. Usetedes son los agresivos para mi. Son ustedes los famosos agresores. Los he visto perseguir el cobustible y la riqueza. Los he visto fortificar la comida. ¡Con qué derecho! Las fortificaciones de mis ancestros fueron para proteger a mi familia del asedio enemigo. Ustedes resguardan la comida que le pertenece al hambriento. Si, esto es una pesadilla Orwelliana. Controlan el estomago necesitado para hacer ver que la miseria es más importante que la guerra que ustedes perpetran repetidamente. La pobreza no es un juego y la vida solo le pertenece al portador. Los acuso de ser avaros de la humanidad. No hay nada de honor en dominar al especimen roto, una voluntad quebrada guarda silencio y su voz es la más preciada de las joyas de nuestra era. ¡Hablen! ¡Manifiestense! ¡Griten! Aunque estos gritos se pierdan en las bóvedas millonarias de injusticia y tiranía. Quizás ahora solo los poetas escuchen.
¿Qué es lo que buscan Señores de la Guerra? Ustedes ya lo tienen todo. Si cumplen esta misión destructiva ya no quedara humano en pie que pueda ser extorsionado por sus ideas y acciones. Ahora reclamo a los que esparcen justicia y libertad en nombre de la grandeza de sus naciones. Les pregunto ¿Porqué hemos de ser nosotros como ustedes? ¿Que derecho les da la solvencia económica? La avaricia que ustedes muestran a las generaciones del futuro es contagiosa. Este es el cáncer de nuestro tiempo. Comprendo que la necesidad de crecimiento y expansion de un imperio es imperante, sin embargo; todo ha sido ya establecido. Las fronteras están trazadas y los límites demarcados. Esta necesidad voraz de conquista se ve terrible a los ojos del pensante, del ente inteligente y consciente. Yo no me como ese cuento fabuloso de que ustedes son los padres de la libertad y que sería inmoral no esparcirla. Esparcir una doctrina con amor y pureza es una cosa. ¿Llenar de armas a mis vecinos y convertrme en un objetivo latente? No lo es. Se ve de esta manera: ustedes son tiranos, dragones hambrientos que atacan a la pequeña villa a las faldas de las montañas para capturar el poco oro posible, guardándolo en una caverna profunda y tenebrosa para no usarlo jamás. Es avaricia Señores de la Guerra, esto no tiene ningún otro nombre.
Es tiempo de cambios y con dichas transformaciones vienen las caídas de los imperios. Señores de la Guerra su imperio se viene abajo, para ser reemplazado por uno más cruel e inhumano. Esta caída nos arrastrará a todos los amarrados a sus conquistas. Los observaremos romperse las uñas trantando de asirse al abismo de lo inevitable. Este abismo es la garganta de nosotros. Será nuestra garganta la que sufre su recesión. Despues vomitaremos la sangre de su crisis y pasaremos a ser poseídos por el siguiente tirano en marcha. Es un poco injusto que nos roben la comida de la mesa, para después morir en ella y de su pestilente cadáver dar a luz a un ser aún más horrible. El peor tirano es aquel que hunde al pueblo que pisa con él. Ustedes son los terribles, los acuso abiertamente aunque con esto solo logre llenar de pustulas al comensal indeseado y muerto.
Nos damos cuenta de todo. Lo vemos y lo repudiamos, aunque a veces sea en silencio y subjugación. Esta queja exsite, aunque tránsite en un universo silente. Esta queja les pertenece y les obliga a reconocerla. Aunque parezca que no haga mella en la oscuridad de sus cavernas doradas, la queja retumba y rompe. Penetra y destruye su alma. Cuando mueran, Señores de la Guerra, ustedes no se llevarán nada. De nosotros no lograrán nada más alla de su existencia. Pues lo que nos quitan aquí, en vida, nos será retribuido en un universo equilibrado. Les informo que deben tener miedo, miedo a realmente perecer y nacer gusanos apestosos de nuevo. Yo lo sé, lo he sabido siempre, que este infortunio y maltrato sera remunerado con luz y conocimiento. Ustedes no ganan nada, mueren aquí, mientras nosotros, los miserables, nos levantamos como luces de eterna juventud ante la advesidad de su horror.
De alguna manera los entiendo. Me han enseñado el odio. Lo han impreso dentro de mi. Quiero tomar las armas e ir a perseguirlos y darles muerte. Armarme de valor y correr entre gritos y paisanos a reventarles la cabeza con u golpe fuerte de mi báculo de voluntad. Pero uno solo de sus cabellos dañados me transformaria un una criatura sedienta de sangre. Entonces sería yo el que naciera de sus pustulas y verrugas podridas. Señores de la Guerra, me niego a ser un reemplazo de la noche, yo no caigo en esta trampa de mierda.
Hasta nunca, Señores de la Guerra.
.anta
2 comentarios:
Llena de ira, rabia e indignación, indignación que se compartimos cada ser humano que no lleva la etiqueta de "SEÑOR". Por otro lado el proceso que brevemente describes como una especie de tránsito hacia la luz, a partir de negarte a jugar el juego me parece impresionante ( a falta de mejor adjetivo calificativo)
Lo dije entes y lo sostengo ahora, con mucho dolor te digo Europa te sienta muy bien.
Se te extraña de este lado del globo.
AVE ANTA! ESCRIPTOR FILUM PLUMA
que bien Anta!! me gustó mucho!!!! Espero verte ahora que regreses a Mex....
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