jueves, 26 de agosto de 2010

La muerte excelente. Capítulo 1. (no editado)

Hola, me llamo Miguel Arnaldo Rodriguez y estoy aqui para decirles que el día de mi muerte fue el día más famoso de mi ciudad. Viví en una ciudad caótica; siempre sucia y mal organizada. Ella tiene sus bellezas. Siendo el centro comercial par pueblos y ciudades aledañas gozábamos de una cualidad cosmopolita que se podía oler en los múltiples y escandalosos aromas de sus calles. Como todos los habitantes de aquí yo estaba orgolloso de pertenecer a este organismo latente.

El día de mi muerte fue el día más especial de la historia de la ciudad. Este lugar enterrado en la geografía de un país millonario en historia es, relativamente, joven. Es una ciudad creada con un fin común: extraer petróleo. Esto les puede parecer a ustedes una actividad poco loable y, en definitiva: sucia. No podrían ustedes tener más razón en el asunto. Como todas las ciudades mexicanas nacidas y desarrolladas para el petróleo; contaba ella con poca arquitectura, mucho menos urbanismo y ayuntamiento. Como todas es una ciudad de crecimiento cancerígeno, cubierta de asfalto roto y calor brutal. Nosotros, los oriundos, estabamos orgullosos de ella y la mirabamos con celo y cariño.

En esta ciudad nunca pasaba nada. Excepto por el día de mi muerte. Se que presumo mucho de esto y ustedes se preguntan ¿por qué? Dejenme comentarles. El día de mi muerte fue el día más emocionante de la historia de mi ciudad y para afirmar esto tendría que explicarles un poco de la historia de mi tierra.

Hace algunos años, 22 para ser exactos, en mi ciudad nació el hijo mas pródigo de ella: Hermenegildo Cuevas. Este muchacho pudo haber tenido la infancia más humilde del mundo excepto que peleaba. Niño para violento, no había manera de controlar el impetú de este pequeño. No pasaba más de una semana que el crio no peleara. Ya era un trifulca en la escuela y dos parpados rotos de Juanito que hubo de pagar con el doctor Atioquio Juarez, luminaria médica del pueblo, o una revuelta en el barrio contra dos niños; narices rotas y pómulos hinchados.

El padre de Hermenegildo se vio desesperado ante la costante lucha del niño y tomo lo que pudiera ser la desición más importante de su vida: metió a su hijo en el gimnasio de box del municipio. ¡Que manera de tirar las manos! No había rival de su tamaño, edad o quizás mayores y más grandes que le aguantasen dos rounds a este pródigo de la violencia. Varias veces el entrenador intentó convencer al padre de ingresarlo a tiempo completo. El padre se negaba categóricamente. Para este tiempo Hermenegildo Cuevas tenía solo diez años y de ninguna manera se permitiría que el dejara sus estudios para perseguir una carrera deportiva. Esta determinación duraría muy poco pues Hermenegildo era más bruto que los borregos que su abuelo crio entre los platanales y el calor. Bastante flacos para ser precisos.

A sus doce años de edad Hermenegildo Cuevas debutaría en su primer combate profesional avalado por la Asociación Mundial de Boxeo. Fue una pelea rápida y efectiva en la cual brilló una técnica superior y un físico perfecto. El país volteo a ver a este niño de 12 años que vence a un viejo boxeador que llego a ser subcampeon del mundo en sus mejores años. Los criticos no escatimaron esfuerzos en anunciar la grandeza del futuro de Hermenegildo. Por primera vez en la historia del pais el mundo de los analistas deportivos y farándula no estaban equivocados.

Hermenegildo Cuevas fue el boxeador más efectivo en la historia del boxeo. No había pelea que le durará más de 8 minutos. Los agentes del espectáculo le gritaban y el insistian en su camerino que se tardará un poco más por aquello del espacio publicitario.

Cuando Hermenegildo contaba con 15 años ya era reconocido como la promesa boxística del país. Fue por estas fechas que un jóven promotor del deporte estatal comenzó una fructífera carrera en la política de su estado. Sus campañas fueron acertadas y efectivas, llevando al atletismo de este lugar a niveles competitivos donde nunca había figurado. José Manuel Torrente estaba destinado sin saberlo a impulsar su carrera y la de Hermenegildo en una simbiosis absoluta. Empezó como una muestra del trabajo en conjunto de una secretaría gubernamental con un ícono popular. Apoyándose en el rostro popular del atleta José Manuel tuvo acceso al corazón del vulgo convirtíendolo en una promesa para el gobierno del futuro.

Por primera vez en la historia del país, si mal no me equivoco. Vieron a un político honesto. Trabajo por el pueblo. Creo centros de deporte asistido, verdaderas escuelas que presentaban un programa deportivo al alcanze de todos. Estos CDA, como se les llamaba, tuvieron un efecto positivo en la juventud de las calles. Formando una generación de atletas humildes y desconocidos ávidos de triunfo y reconocimiento. Al quedar limpias las calles la tasa criminal descendió a niveles mínimos. Pasaron de una ciudad potencialmente insegura a una comunidad tranquila donde los vecinos disfrutaban largos paseos por la noche y llebavan a los niños a darse vueltas en el parque con los burros pintados de azul mientras se tomaban las fotos más surrealistas que jamás se hallan capturado. Los CDA tambien fuerón un impulso para el empleo y el turismo deportivo. Con equipos de fútbol bien estructurados y las peleas de box espectaculares que se efectuaban los sábados por la noche, la gente de los alrederores se acercaba a la ciudad a disfrutar con las familias de dichos eventos.

Todo marchó viento en popa para Hermenegildo y José Manuel, quienes erán ya los mejores amigos.

Jose Manuel Cumple los 38 Años cuando Hermenegildo se torna mayor de edad, para Hermenegildo esto significaba solo una cosa. Boxeo profesional. Este año el púgil se inscribe para sortear la oportunidad de buscar el título de la Asociasion Mundial de Boxeo y so amigo el político toma un giro esperado en su carrera y se lánza para senador del estado en la cámara del país. El año siguiente ambos entraban triunfadores a la ciudad en un grán desfile que puso en el mapa del mundo al humilde lugar. La gente decía que el destino de ambos estaba ligado y que mientras uno triunfara el otro trendría las mismas consecuencias.

-Mientras los dos sigan siendo igual de buenos con nosotros les irá rebonito -. Dijo Fulgencia Ortiz de Dominguez dueña del puesto de pollos y quesos numero sesenta y dos del Mercado Municipal en declaración oficial a la prensa.

Fueron, sin duda alguna, grandes años para los dos. Un triunfo trás el otro los puso en los tabloides en el mundo entero. Los programas de recuperación ciudadana de Jose Manuel eran tomados por gobiernos de primer mundo para ser adaptados a sus problemas urbanos de drogadictos. Y en el mundo de la información deportiva no pasaba un día sin que se reportara los dimes y diretes de Hermenegildo o “La Máquina de Bronze” como se le llamaba en esos días.

Para esos días vivía yo en la completa discreción social. En otras palabras no era nadie, ni pintaba nada ni colaboraba con absolutamente nada. Era tan invisible que los muchachos no me daban volantes afuera de los supermercados. Yo me había rendido, tenia un trabajo muy pequeño preparando pizzas en un carrito situado en la plaza principal. Pagaba cerca de casi nada, pero la comida era gratis y estaba en un lugar de la ciudad que resultaba sorprendentemente positivo. ¡Todo el mundo estaba feliz todo el tiempo! Era como vivir dentro de un comercial de seguros de vida. Juro que habia días que el sol brillaba diferente aquí que en el resto del pueblo. Seguro eran impresiones mías.

Para los días cercanos a mi muerte había un tremendo jaloneo en el parque, La pelea de Hermenegildo Cuevas por su segundo Campeonato del mundo se celebraría aquí. Asi que habia no menos de mil quinientas personas preparándolo todo. Mi jefe estaba contento pues la ola de personas trajo consigo un aumento en el consumo de pizza, confieso que yo sólo pensaba en la cantidad de colesterol y bacterias que esta gente estaba consumiendo. Jose Manuel celebraría las elecciones el sábado anterior a la pelea de Hermenegildo, no es necesario mencionar el revuelo que esto provocaba en la ciudad. Por primera vez el país podría tener un presidente honesto, y sería de aquí! Esto significaba un futuro brillante para todos.

Sólo una semana más y empezaríamos a vivir una mejor vida.

sábado, 21 de agosto de 2010

Pontevedra.

Esta no será una entrada literaria. Algunas fotos tomadas en la ciudad de Pontevedra.


















Si quieren fotos más definidas y en mejor calidad pueden ir a mi página en deviantART.

jueves, 5 de agosto de 2010

Oda punk a la Guerra.

Trato de entenderlos Señores de la guerra, pero no puedo. Lo que ustedes buscan es negociar con la miseria y el sufrimiento humano. Les escribo las siguientes palabras para informarles mi incomprensión y, quizás, buscando un poco de iluminación acerca de la naturaleza de sus actos.

La guerra siempre ha estado alli, una constante y latente necesidad humana. Hemos crecido y ella ha evolucionado con nosotros. Creamos deidades para controlarla y hacerla justa; y siempre que se habla de conquista y defensa la ejecutamos con maestría y valentía. Las guerras de antaño aunque violentas y sangrientas eran un enfrentamiento de fuerza y estrategia, fue en estas batallas donde se encontraron los grandes héroes y las canciones eternas. Se escribió poesía y se liberó el pueblo. Epopeyas épicas han sido plasmadas en todas las formas de arte para honrar lo bélico a través de los años.

¿Hoy en día? Todo parece absurdo. Las fronteras no cambian y la belleza de la guerra se ha cambiado por algo turbio y confuso: Economía.

Ya no tenemos una Helena, sin embargo, hemos conseguido diamantes en Sierra Leona. Hemos transformado el canto de los halcones de Apolo en gritos de madres desesperadas. Los guerreros caídos ya no son inmolados en enormes piras hechas de la madera podrida y lastimada de los galeones. Hoy, en nuestros, tiempos los hijos, sobrinos, hermanos o nietos son entregados envueltos en banderas coloridas hechas en china. Los soldados de nuestra tierra ahora le piden bonos a una cuenta bancaria en vez de aclamar a los dioses golpeando sus petos, azuzados por los gritos de imponentes centuriones. El soldado ha perdido su significado. Para mí todos son mercenarios de su economía, Señores de la Guerra.

Cuando la vida era joven y corta, los hombres grandes marchaban entre cánticos y gritos de poder hacia la negrura de la batalla. Los soldados disfrazados de posibilidades de nuestra vida abordan veloces aviones y barcos donde son bañados en rios de opulencia. Basta carecer del cansancio previo a la batalla para que esta se haga mecánica e inhumana. Hoy el juego previo a la guerra es psicológico e inducido. Analizado por científicos que envenenan la mente de nuestros hermanos al convertirlos en extensiones de sus armas. La guerra que ahora veo se torna análoga y artificial. Y los culpo a ustedes de tratar a los valientes como muñecas pusilánimes. De disfrazarlos para la efectividad y no para la ventaja táctica del miedo infundido a través de la potencia del grito, de la máscara del Samurai y de la ferocidad del bárbaro vikingo. Se ha perdido el guerrero. Trasciende hoy la herramienta sintética deshechable.

Dejenme hablarles del daño colateral. Cuando vemos las peliculas de sandalias y espadas tocamos un poco de la violencia del tiempo de nuestros apellidos. Las masacres de Atila y sus Hunos. “...por donde los caballos del bárbaro pisan no vuelve a crecer ni el pasto...”. ¡Si! Las violaciones y el pillaje pueden ser interpretados como indicios de la barbarie del pasado, ahora tenemos bombardeos guiados por láser; más precisos, es cierto; pero, ¿A quién apuntamos Señores de la Guerra? Los niños mutilados por su metralla esparcida. Canales de lagrimas resecas en los rostros de nuestra próxima generación enmarcados en esos ojos llenos de experiencias innecesarias. En los tiempos anteriores las guerras eran brutales, Sí. Hoy la información es curiosa y siempre habrá un lente constante dispuesto a fotografiar el daño de ustedes. Lo vemos con ojos de lástima y es nuestra culpa no hacer nada al respecto. La impotencia del terror que ustedes nos provocan hace que ignoremos la súplica inmersa en la mirada de la madre envuelta en violencia extensiva y constante. Pido disculpa ante mi indifierencia, ante nuestra indiferencia. Ustedes son verdaderamente intimidantes.

Los cambios en la historia no creo que sean relevantes. En el fondo de las cosas ya nada cambia... vivimos con ese miedo heredado al holocausto nuclear y estoy seguro que ustedes se aseguran de tatuarlo mas profundamente en nuestros espíritus con sus noticias alarmantes de posesión de armas destructoras de la piedra eterna en paises alteradamente agresivos. Ahora permítanme diferir, Señores de la Guerra. Usetedes son los agresivos para mi. Son ustedes los famosos agresores. Los he visto perseguir el cobustible y la riqueza. Los he visto fortificar la comida. ¡Con qué derecho! Las fortificaciones de mis ancestros fueron para proteger a mi familia del asedio enemigo. Ustedes resguardan la comida que le pertenece al hambriento. Si, esto es una pesadilla Orwelliana. Controlan el estomago necesitado para hacer ver que la miseria es más importante que la guerra que ustedes perpetran repetidamente. La pobreza no es un juego y la vida solo le pertenece al portador. Los acuso de ser avaros de la humanidad. No hay nada de honor en dominar al especimen roto, una voluntad quebrada guarda silencio y su voz es la más preciada de las joyas de nuestra era. ¡Hablen! ¡Manifiestense! ¡Griten! Aunque estos gritos se pierdan en las bóvedas millonarias de injusticia y tiranía. Quizás ahora solo los poetas escuchen.

¿Qué es lo que buscan Señores de la Guerra? Ustedes ya lo tienen todo. Si cumplen esta misión destructiva ya no quedara humano en pie que pueda ser extorsionado por sus ideas y acciones. Ahora reclamo a los que esparcen justicia y libertad en nombre de la grandeza de sus naciones. Les pregunto ¿Porqué hemos de ser nosotros como ustedes? ¿Que derecho les da la solvencia económica? La avaricia que ustedes muestran a las generaciones del futuro es contagiosa. Este es el cáncer de nuestro tiempo. Comprendo que la necesidad de crecimiento y expansion de un imperio es imperante, sin embargo; todo ha sido ya establecido. Las fronteras están trazadas y los límites demarcados. Esta necesidad voraz de conquista se ve terrible a los ojos del pensante, del ente inteligente y consciente. Yo no me como ese cuento fabuloso de que ustedes son los padres de la libertad y que sería inmoral no esparcirla. Esparcir una doctrina con amor y pureza es una cosa. ¿Llenar de armas a mis vecinos y convertrme en un objetivo latente? No lo es. Se ve de esta manera: ustedes son tiranos, dragones hambrientos que atacan a la pequeña villa a las faldas de las montañas para capturar el poco oro posible, guardándolo en una caverna profunda y tenebrosa para no usarlo jamás. Es avaricia Señores de la Guerra, esto no tiene ningún otro nombre.

Es tiempo de cambios y con dichas transformaciones vienen las caídas de los imperios. Señores de la Guerra su imperio se viene abajo, para ser reemplazado por uno más cruel e inhumano. Esta caída nos arrastrará a todos los amarrados a sus conquistas. Los observaremos romperse las uñas trantando de asirse al abismo de lo inevitable. Este abismo es la garganta de nosotros. Será nuestra garganta la que sufre su recesión. Despues vomitaremos la sangre de su crisis y pasaremos a ser poseídos por el siguiente tirano en marcha. Es un poco injusto que nos roben la comida de la mesa, para después morir en ella y de su pestilente cadáver dar a luz a un ser aún más horrible. El peor tirano es aquel que hunde al pueblo que pisa con él. Ustedes son los terribles, los acuso abiertamente aunque con esto solo logre llenar de pustulas al comensal indeseado y muerto.

Nos damos cuenta de todo. Lo vemos y lo repudiamos, aunque a veces sea en silencio y subjugación. Esta queja exsite, aunque tránsite en un universo silente. Esta queja les pertenece y les obliga a reconocerla. Aunque parezca que no haga mella en la oscuridad de sus cavernas doradas, la queja retumba y rompe. Penetra y destruye su alma. Cuando mueran, Señores de la Guerra, ustedes no se llevarán nada. De nosotros no lograrán nada más alla de su existencia. Pues lo que nos quitan aquí, en vida, nos será retribuido en un universo equilibrado. Les informo que deben tener miedo, miedo a realmente perecer y nacer gusanos apestosos de nuevo. Yo lo sé, lo he sabido siempre, que este infortunio y maltrato sera remunerado con luz y conocimiento. Ustedes no ganan nada, mueren aquí, mientras nosotros, los miserables, nos levantamos como luces de eterna juventud ante la advesidad de su horror.

De alguna manera los entiendo. Me han enseñado el odio. Lo han impreso dentro de mi. Quiero tomar las armas e ir a perseguirlos y darles muerte. Armarme de valor y correr entre gritos y paisanos a reventarles la cabeza con u golpe fuerte de mi báculo de voluntad. Pero uno solo de sus cabellos dañados me transformaria un una criatura sedienta de sangre. Entonces sería yo el que naciera de sus pustulas y verrugas podridas. Señores de la Guerra, me niego a ser un reemplazo de la noche, yo no caigo en esta trampa de mierda.

Hasta nunca, Señores de la Guerra.

.anta