domingo, 5 de septiembre de 2010

Fénix

Las cosas dulces siempre me han perturbado de cierto modo inexplicable. Esa mañana fue lo más dulce que he olido. Un aroma a jazmín y azucenas inundo cada centímetro cúbico de mi olfato. Lo odié desde el principio.

Unos meses atrás se vieron esas señales en el cielo. Marcas rojas constantes con tildes verdes. Eran unas manchas como auroras boreales pero sin movimiento alguno. Todos las vimos, al menos todos nosotros viviendo en el hemisferio norte. La revuelta que se armó. La gente que prescenció el evento fue toda víctima de una ola de sentimientos encontrados. Pánico, esperanza, confusión, devoción y sobre todo desesperación. Me jacto de informarte que, fui de los pocos que observó el fenómeno con una amplia conciencia nula. A mi la vaina me pareció una completa pendejada.

Cuando los científicos del mundo se reunierón en aquel congreso bestial a debatir sobre el significado de esto yo ví las noticias con escepticismo y molestia. A mi la vaina me parecia una completa pendejada. Pero; que le vamos a hacer, las manchas en el cielo siempre son cosas llamativas y, a pesar de que yo hubiera considerado más relevante e inteligente que dios presentase su plan divino en las profundiades del óceano; Él, que aparentemente todo lo sabe, decidió que el cielo sería la mejor plataforma publicitaria para el gran combo que nos tenía preparado. A la mierda con Dios y su publicidad mercadotécnica.

Después de dos semanas de jaleo los científicos descubrieron el significado de estas señales. Y fue la cosa más estúpida si me lo preguntas. “El mundo cambia el 4 de Diciembre del año 2012”. ¡Coño! Eso nos da solo siete meses para preparar las putas maletas. A mí todo el proceso me parecio en exceso inepto. La cosa estaba escrita en binario. Traducido para cada uno de los países que lo prescenciarón. A nadie se le ocurrio que una señal celestial fuese políglota. ¡Ja! Nada hemos aprendido desde la torre de babel más que a ponerle forros de latex a las estructuras fálicas.

“El mensaje estaba escrito en código binario”. Alli fue donde solté la carcajada de lleno. El tipo que descubre la última revelación, la voz de Dios, el profeta; es un ingeniero en sistemas que estaba reparando uno de los teleprompters de los teólogos y científicos del congreso por la salvación de la humanidad. Dos puntos de respeto al Señor por comunicarse en algo parecido a un idioma universal, sin embargo yo hubiera escogido el hexadecimal.

El mensaje decia: En el cuarto dia del último més del año dos mil doce el humano recobrará la fé.

¿Qué se yo que pensó todo el mundo? Te puedo decir lo que yo pense. ¡Mierda, que dramatismo!

Me quede sin trabajo. No me quejo, lo peor de ser excesivamente inteligente es que, de alguna manrea puedes prevenir lo que existe en el futuro. Esta señal no era de esperanza, todo lo contrario. Sabía que causaría un pánico general y que la economía colapsaría. Ademas la ironía historica no cesa. Los profetas son unos putos muertos de hambre. Y por consiguiente yo estaba predestinado a ser un paria social. Gracias mierda inteligencia por forzarme a estudiar sistemas; ¡La carrera del futuro! Gran futuro. Me cago en las pelotas de la lógica.

El gobierno salió con esta idea de los paquetes humanitarios. Todos los recibimos. La comida era una reverenda mierda. Pero bueno, la esperanza era demasiado escasa como para quejarse por viscicitudes como la buena comida. Por lo menos tenía, yo, unos 5 kilos de excelente café italiano guardados en la alacena.

Los días fueron larguísimos. El internet se cayó al segundo mes del anuncio. Los bancos quebraron y empezaron los disturbios. Me hubiera vuelto loco si no tuviese esta amplia colección de más de cinco mil peliculas pirateadas de los buenos tiempos de la internet irregulada. Fumaba una cajetilla de tabaco picado rancio al mes. Juro que el tabaco reseco apesta y sabe a meados. Sí, estoy muy consciente a que sabe el orín y no estoy orgulloso de comentarlo; maldita catalana cerda y sus deportes acuáticos.

La tele nunca se apagó, mi conocimiento tecnológico me llevo a convertir mis siete computadoras en receptores televisivos. Alli estaba yo en medio de café, malos cigarros y terrible comida, observado de primera mano en siete planos los avances humanos en una promesa de esperanza. Hay luz al final del túnel ¿Mientras? Pues ¿;ientras? Estás en un túnel de su puta madre.

La gente se estaba matando allá afuera, un completo estado de anarquía, el gobierno se atrinchero en la idea de que si existía un poder supremo informativo e informático no existía necesidad alguna en controlar nada. Los testigos de Jehová comenzarón a usar zapatos deportivos, las caminatas eran extenuantes y, por esos días, tenian más adeptos que nunca. La fé se volvió la moneda.

Como me masturbé en aquellos tiempos, creo que la ansiedad es contagiosa.

El día anterior a la promesa me levanté como cualquier otro, sin embargo esperaba caos absoluto. Me refiero a incendios y muerte masiva. Nada. Nada pasaba en la calle. El mundo, despues de milenios de gritos incomprendidos se calló. Esto me puso a dudar por un momento. ¿Es acaso este el umbral de la esperanza? ¿Ha llegado el momento iluminado?... No. Definitivamente no. La gente sólo estaba asustada. En ese momento realmente extrañe la capacidad que alguna vez tuve para manejar mi auto hasta el McDonald's de la esquina.

Llego el día. Me levanté. Ansioso, he de aceptarlo. Me prepare un café con el último paquete de mi café alucinante ya abierto. En estos días ya tomaba café disfrazado: unas cuantas partículas en trescientos mililitros de agua hirviendo. “Recuerdo el café” le llamaba yo. Arme un cigarro de ese polvo maloliente y lo encendí. Para estos días me estaba fumando páginas de la biblia, lo cual encontraba, extrañamente, confortable. Encendí los siete monitores y lo que se veía era una multitud millonaria en cabezas por las calles de las ciudades. Yo vivo a media cuadra del zócalo del DF. Estaba en el epicentro del suceso prometido. Lo lógico era salir a la luz del día y prescenciarlo de primera mano. Tome mi taza de café y camine pausada y resignadamente hacia el balcón, esto me daría una vista de primera intención de todo el evento. Salí en ropa interior al balcón de mi tercer piso. Estaba seguro que la gente situada inmediatamente debajo de mí podía verme los testículos si se lo proponía, así que me acerqué aún más a la reja para darles una mejor vista de mi situación.

Era un mar de murmullos, a cada sorbo, un respiro. La gente miraba idiota en la distancia y ajustaban su posición tratando de ver mejor al centro de la plaza. Yo realmente no creía que Dios fuera tan fantoche de realizar su evento en el centro universal de cada ciudad. Sin embargo todos se veian tan seguros que seguí a la masa y enfoque mi vista en la distancia.

Silencio.

Vacío.

Juro que no soy un tipo nervioso, pero tuve que voltear durante un instante hacia abajo de mi balcón. Espero que el café que derramé alcanzará a enfriarse en su camino a la cabeza del compadre situado exactamente abajo de mí. Fue el sonido más espeluznante que jamás había escuchado. El suelo retumba cuando se quiebra, lleno el cielo; es un sonido que realmente puedes ver. Creo una ligera onda expansiva seguida de dos segundos de nada. Yo ví el suelo partirse y elevarse, vi la gente corriendo y luego, sólo luego, escuche el alarido del mundo. Me sacudió los cachetes, hermano. Te juro, que me sacudio los putos cachetes. ¿Sigues grabando? No creo poder explicarte con exactitud este momento, pero te juro que mi voluntad se fue a rodillas. Estaba, yo, frente a un evento más grande de lo que yo estúpidamente había esperado.

Después regrese a mi estado de escepticismo. Y fue allí cuando deje caer la taza de agua caliente, me valio madre. Aṕoyé las dos manos en el metal frio del balcón y me acerqué lo más que pude para enfocar aún mejor.

Primero fue el pico y despues vino la cabeza. Era majestuoso, se sacudía y trataba de quebrar el asfalto como si fuera la cubierta de un huevo gigante... era la cubierta de un huevo. Estiró los músculos de la pechuga y alzó el cuello dejandome ver los dos huecos de su pico dorado. Los destellos del sol en el filo del metal me hicieron reducir la apertura de mis parpados al mínimo. Bajó su enorme cabeza, era un busto enorme en medio de la plaza. ¿Entonces? Habló. Abrió el pico tanto como pudo y soltó el alarido más perfecto jamas escuchado. Si que tenía volumen pero no molestaba de manera alguna. Era, alguna nota oculta entre dos notas bellísimas. Era... la voz de la pureza. Fue una cancion de 15 segundos en un FA perfecto sostenido en una doble semicorchea... ¡Puta, que se yo! Era hermoso y yo no soy músico. Entrevista a un puto músico, ellos sabrán de que habló. Bueno. El pajarote cacareo chingón.

Yo me cagué. ¡En serio! Me cagué. Sabía que despues de eso venían las alas.

Pedazos de asfalto volaron para estrellarse furiosamente contra la catedral destruyéndole uno de los campanarios. La campanota cayó al suelo con un estruendo estrepitoso. El gallinote picoteó la campana con una actitud enojada. Volteo la cabezota y volvió a graznar. Saco la otra ala y aleteo un par de veces. El viento, carnal, el viento apestaba a jazmín y azucena tostada. Te juro que ví a la gente cercana al pajarote cubrirse el cuerpo ante el intenso calor. Esa gallinota brillaba con la intensidad de la paz. Extendió las alas cuan largo era. Y entonces realmente lo ví. Era un fénix. ¡Tipo! En nuestros putos tiempos y yo acababa de tomarme un café de mierda y ahora tenía a un fénix expuesto ante mí. ¡Expuesto te digo! Todo el desmadre! Las alas extendidas, el rostro de perfil. El fuego saliendole de las pinches plumas. Supe que esos calzones que traía eran cuento del pasado, no había detergente que los ayudara, nunca más. Abrió el pico y me rendí. Era la imagen eterna del poder divino. Yo estaba ante un ángel de fuego y venganza, de vida y esperanza.

Minutos despues de este cuadro el pajarote salio completo y se portó, pues, como se porta un pajarote. Caminó de aquí a allá. Picoteando el suelo tragandose carros completos como si fueran semillas de detroit. Aquí va el capitalismo y el petróleo del mundo ahora son abonos para la semilla del futuro, literalmente.

Yo seguía estúpido. Sabía lo que seguía. El pájaro va a volar. Esa si que sería una cosa del otro mundo... ¡Ja! Como si hasta ahora no lo fuera.

Se sacudió frenéticamente. Y extendio las alas. Los pájaros enormes vuelan lentísimo. Despegó con una parsimonia desesperante. Yo sabía que este pajarote no estaba ligado a las leyes de la física como la conocemos. Asi que despega como se le hinchan las pelotas... si es que es gallo fénix. Avanzaba en el orden de un metro por segundo hasta que se suspendió por encima de los edificios y planeó. Yo soy un ingeniero ¿Sabes? Trate de analizar el tamaño del avestruz volátil midiendo su sombra comparándola con la de las cosas cercanas. Pendejo yo. Las cosas que emiten su propia luz no producen sombra sino resplandor. Me deje de mamadas matemáticas y me dispuse a ver la majestuosidad de la cosa esa. Soltó una pluma que cayó pesadamente sobre un camión incendiandolo al contacto. Me cagué de risa y pense en el parquímetro aun con dinero. Billete a las cenizas...

Dos o tres piruetas áereas y se levantó hacia el infinito con una velocidad inverosímil para una bestia de su tamaño. Aún en las alturas se distinguía el pajarraco. No es para menos la mierda esa era del tamaño del zócalo de la ciudad de México. Calculé que al menos una docena de personas habian muerto en su despliege de nacimiento... un precio pequeño para el pesébre de un mesias de fuego e ira. El animal empezó a comer nubes como si fueran algodones de azúcar. Entonces empezó a morir. Yo sí que sabía que moriría, es la ley.

Se dejo caer cuan largo era. Lo vi excitar su fuego al contacto con el enriquecido aire del DF. Las cenizas se desprendian a pedazos y se convirtió en una bola de fuego. Era un cometa arremetiendo contra las entrañas de la ciudad. Era la perdicion, el jucio, el final.

Se detuvo en medio de la caida. Extendió sus alas y amortiguó el descenso y esto es lo que nos trae a esta entrevista ¿Verdad? Te cuento. Se detuvo, en seco. La cosa estaba incendiada y lo odiaba. Dio un giro accidentado y entonces pasó. La cosa cagó lo que había comido. El mojón le salio del enorme culo sin ningún tipo de estética. Aparentemente las bestias mitológicas tienen un puto aparato digestivo regular. Bueno, la mierda descendió a una velocidad incomprensible, y, si todo lo demás había sido místico esto no lo fue. La caca si que proyectaba sombra. Desde que estaba arriba lo podia oler. No olia a nubes ni a jazmines o azucenas. Olía a mierda; a pura y completa mierda. Y la pura y completa mierda aterrizó en la fachada de mi edificio. Era una cascada, hermano. La senti en mi putos ojos y entrarme en la boca. ¡Coñísimo de la madre! Me tragué toda esa vaina.

Se vio herido de muerte y ahora si cayó descontrolado encendido y consumiendose. Se estrelló contra el cráter del zócalo creando un estruendo y explotando en millones de tizones al rojo vivo y polvo de ceniza.

Los tizones no se apagaban... empezaron a agruparse dando forma de nuevo, yo entre a darme un baño. Ni pendejo que me quedo al segundo round. Toda la gente empezo a hacer un ruido incréible, como cánticos. Cuando asomé la cara al balcón de nuevo me empezarón a aclamar.

¿Sabes? Yo no se si fui elegido, carnalito, realmente no creo que eso fue lo que significara toda esta cosa. Para mí que el puto pájaro tenia que cagar y pues yo, como siempre, estaba atravezado en el asunto. ¿Oye? ¿Hay más gente cagada que vas a entrevistar? o... ¿Cuanto me vas a pagar por esto?