Hola, me llamo Miguel Arnaldo Rodriguez y estoy aqui para decirles que el día de mi muerte fue el día más famoso de mi ciudad. Viví en una ciudad caótica; siempre sucia y mal organizada. Ella tiene sus bellezas. Siendo el centro comercial par pueblos y ciudades aledañas gozábamos de una cualidad cosmopolita que se podía oler en los múltiples y escandalosos aromas de sus calles. Como todos los habitantes de aquí yo estaba orgolloso de pertenecer a este organismo latente.
El día de mi muerte fue el día más especial de la historia de la ciudad. Este lugar enterrado en la geografía de un país millonario en historia es, relativamente, joven. Es una ciudad creada con un fin común: extraer petróleo. Esto les puede parecer a ustedes una actividad poco loable y, en definitiva: sucia. No podrían ustedes tener más razón en el asunto. Como todas las ciudades mexicanas nacidas y desarrolladas para el petróleo; contaba ella con poca arquitectura, mucho menos urbanismo y ayuntamiento. Como todas es una ciudad de crecimiento cancerígeno, cubierta de asfalto roto y calor brutal. Nosotros, los oriundos, estabamos orgullosos de ella y la mirabamos con celo y cariño.
En esta ciudad nunca pasaba nada. Excepto por el día de mi muerte. Se que presumo mucho de esto y ustedes se preguntan ¿por qué? Dejenme comentarles. El día de mi muerte fue el día más emocionante de la historia de mi ciudad y para afirmar esto tendría que explicarles un poco de la historia de mi tierra.
Hace algunos años, 22 para ser exactos, en mi ciudad nació el hijo mas pródigo de ella: Hermenegildo Cuevas. Este muchacho pudo haber tenido la infancia más humilde del mundo excepto que peleaba. Niño para violento, no había manera de controlar el impetú de este pequeño. No pasaba más de una semana que el crio no peleara. Ya era un trifulca en la escuela y dos parpados rotos de Juanito que hubo de pagar con el doctor Atioquio Juarez, luminaria médica del pueblo, o una revuelta en el barrio contra dos niños; narices rotas y pómulos hinchados.
El padre de Hermenegildo se vio desesperado ante la costante lucha del niño y tomo lo que pudiera ser la desición más importante de su vida: metió a su hijo en el gimnasio de box del municipio. ¡Que manera de tirar las manos! No había rival de su tamaño, edad o quizás mayores y más grandes que le aguantasen dos rounds a este pródigo de la violencia. Varias veces el entrenador intentó convencer al padre de ingresarlo a tiempo completo. El padre se negaba categóricamente. Para este tiempo Hermenegildo Cuevas tenía solo diez años y de ninguna manera se permitiría que el dejara sus estudios para perseguir una carrera deportiva. Esta determinación duraría muy poco pues Hermenegildo era más bruto que los borregos que su abuelo crio entre los platanales y el calor. Bastante flacos para ser precisos.
A sus doce años de edad Hermenegildo Cuevas debutaría en su primer combate profesional avalado por la Asociación Mundial de Boxeo. Fue una pelea rápida y efectiva en la cual brilló una técnica superior y un físico perfecto. El país volteo a ver a este niño de 12 años que vence a un viejo boxeador que llego a ser subcampeon del mundo en sus mejores años. Los criticos no escatimaron esfuerzos en anunciar la grandeza del futuro de Hermenegildo. Por primera vez en la historia del pais el mundo de los analistas deportivos y farándula no estaban equivocados.
Hermenegildo Cuevas fue el boxeador más efectivo en la historia del boxeo. No había pelea que le durará más de 8 minutos. Los agentes del espectáculo le gritaban y el insistian en su camerino que se tardará un poco más por aquello del espacio publicitario.
Cuando Hermenegildo contaba con 15 años ya era reconocido como la promesa boxística del país. Fue por estas fechas que un jóven promotor del deporte estatal comenzó una fructífera carrera en la política de su estado. Sus campañas fueron acertadas y efectivas, llevando al atletismo de este lugar a niveles competitivos donde nunca había figurado. José Manuel Torrente estaba destinado sin saberlo a impulsar su carrera y la de Hermenegildo en una simbiosis absoluta. Empezó como una muestra del trabajo en conjunto de una secretaría gubernamental con un ícono popular. Apoyándose en el rostro popular del atleta José Manuel tuvo acceso al corazón del vulgo convirtíendolo en una promesa para el gobierno del futuro.
Por primera vez en la historia del país, si mal no me equivoco. Vieron a un político honesto. Trabajo por el pueblo. Creo centros de deporte asistido, verdaderas escuelas que presentaban un programa deportivo al alcanze de todos. Estos CDA, como se les llamaba, tuvieron un efecto positivo en la juventud de las calles. Formando una generación de atletas humildes y desconocidos ávidos de triunfo y reconocimiento. Al quedar limpias las calles la tasa criminal descendió a niveles mínimos. Pasaron de una ciudad potencialmente insegura a una comunidad tranquila donde los vecinos disfrutaban largos paseos por la noche y llebavan a los niños a darse vueltas en el parque con los burros pintados de azul mientras se tomaban las fotos más surrealistas que jamás se hallan capturado. Los CDA tambien fuerón un impulso para el empleo y el turismo deportivo. Con equipos de fútbol bien estructurados y las peleas de box espectaculares que se efectuaban los sábados por la noche, la gente de los alrederores se acercaba a la ciudad a disfrutar con las familias de dichos eventos.
Todo marchó viento en popa para Hermenegildo y José Manuel, quienes erán ya los mejores amigos.
Jose Manuel Cumple los 38 Años cuando Hermenegildo se torna mayor de edad, para Hermenegildo esto significaba solo una cosa. Boxeo profesional. Este año el púgil se inscribe para sortear la oportunidad de buscar el título de la Asociasion Mundial de Boxeo y so amigo el político toma un giro esperado en su carrera y se lánza para senador del estado en la cámara del país. El año siguiente ambos entraban triunfadores a la ciudad en un grán desfile que puso en el mapa del mundo al humilde lugar. La gente decía que el destino de ambos estaba ligado y que mientras uno triunfara el otro trendría las mismas consecuencias.
-Mientras los dos sigan siendo igual de buenos con nosotros les irá rebonito -. Dijo Fulgencia Ortiz de Dominguez dueña del puesto de pollos y quesos numero sesenta y dos del Mercado Municipal en declaración oficial a la prensa.
Fueron, sin duda alguna, grandes años para los dos. Un triunfo trás el otro los puso en los tabloides en el mundo entero. Los programas de recuperación ciudadana de Jose Manuel eran tomados por gobiernos de primer mundo para ser adaptados a sus problemas urbanos de drogadictos. Y en el mundo de la información deportiva no pasaba un día sin que se reportara los dimes y diretes de Hermenegildo o “La Máquina de Bronze” como se le llamaba en esos días.
Para esos días vivía yo en la completa discreción social. En otras palabras no era nadie, ni pintaba nada ni colaboraba con absolutamente nada. Era tan invisible que los muchachos no me daban volantes afuera de los supermercados. Yo me había rendido, tenia un trabajo muy pequeño preparando pizzas en un carrito situado en la plaza principal. Pagaba cerca de casi nada, pero la comida era gratis y estaba en un lugar de la ciudad que resultaba sorprendentemente positivo. ¡Todo el mundo estaba feliz todo el tiempo! Era como vivir dentro de un comercial de seguros de vida. Juro que habia días que el sol brillaba diferente aquí que en el resto del pueblo. Seguro eran impresiones mías.
Para los días cercanos a mi muerte había un tremendo jaloneo en el parque, La pelea de Hermenegildo Cuevas por su segundo Campeonato del mundo se celebraría aquí. Asi que habia no menos de mil quinientas personas preparándolo todo. Mi jefe estaba contento pues la ola de personas trajo consigo un aumento en el consumo de pizza, confieso que yo sólo pensaba en la cantidad de colesterol y bacterias que esta gente estaba consumiendo. Jose Manuel celebraría las elecciones el sábado anterior a la pelea de Hermenegildo, no es necesario mencionar el revuelo que esto provocaba en la ciudad. Por primera vez el país podría tener un presidente honesto, y sería de aquí! Esto significaba un futuro brillante para todos.
Sólo una semana más y empezaríamos a vivir una mejor vida.
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