miércoles, 28 de julio de 2010

Los días secos.

Los dias áridos siempre han sido los peores, te sientas en la banca y le lees a tu abuelo novelas de aventura. Él, sentado en su silla de ruedas, mira al vacio con la misma expresión de disturbio entregado a la noche. Buscas el énfasis en las partes que deben provocar emoción. Así en los días iluminados por aire seco, le lees a tu viejo fragmentos de Walter Scott, Herman Melvile y también algo de Alejandro Dumás.

Nada parece emocionarlo o alejarlo del letargo.

Haz conseguido seguidores y aunque pretendas ignorarlos en el fondo de tu alma les agradeces el aplauso silente. Te hacen sentir parte de este arte que pregonas a voz alta y adornas de mala actuación. Tienes niños que juegan con juguetes modernos y llenos de color mientras paran la oreja para escuchar más de cerca las parrandas de Robinson Crusoe.

Una pareja melancólica y feliz te escucha entre sonrisas y besitos, mientras vuelan un cometa en forma de corazón que te hace suspirar por un segundo. Un par de viejos que siempre discuten cuando callas alimentan palomas. Ahora son decenas de aves que no hacen sonido alguno tambien por respeto o siempre por hambre. Esta vana e importante compañía ha sido atraida por tu teatro, por ese vago intento histriónico de entretener a una mente perdida en el olvido. Sabes que esos callejones antes llenos de vida ahora son piedras desnudas entregadas a la noche.

Te engañas tratando de engañar a la noche.

Ese quebradizo día falto de agua en al ambiente, sacas de tu mochila Miguel Strogoff. Siempre te ha gustado esta novela. Te preguntas si también le gustará a él. Alzas la voz hasta que el ambiente silencia y bajas un poco el tono para enfocarte mas en la dicción que en la potencia. Dibujas bosques y nieve, tierra y agua fría. Sólo para, de vez en cuando, levantar la mirada y verlo mirar pérdido los viejos y enormes árboles de este parque perdido en España.

Bajas el libro y observas los titanes de madera poco viva, te enfocas en el musgo milenario e imaginas que ha servido de cama fría a infinidad de hadas de los sueños. Trazas los caminos del agua que deben ser ríos de vida a insectos fabulosos de formas extravagantes y colores alarmantes. Construyes ciudades de gente diminuta que vive aventuras enormes. Organizas batallas sangrientas y largas llenas de heroes que miran, despues de la victoria, a un par de soles azulez con guindas amarillas en un cielo igual de azul. Observas detenidamente al pequeño duende del hongo solitario que se instala unas alas de plata y aletea ferozmente para alcanzar la tierra prometida de estos soles azules.

Su viaje te lleva a través de pastos, aceras, cercas y bancas. Lo que para ti es un parque viejo es para el duende la promesa de una vida llena de futuro. Lo miras vencer a las abejas en una guerra de banderas negras y amarillas. Renova sus alas con escamas de abejas soldado y remonta un vuelo firme para governar la tierra de dragones eternos que nosotros vulgarmente llamamos libélulas. En este valle de concreto a la orilla de un oceano cristalino y helado lo vez mutilarse a si mismo un brazo para evitar el veneno mortal de la reina dragon, mientras blande la espada fortificada con madera de roble gallego contra la armadura principal de la dama de las libélulas.

Vuela inclemente hacia los dos soles azules con destellos amarillos

Corteja la mariposa más bella de las montañas de arena al ofrecerle el higo más jugoso del universo conocido. La hechicera colorida le entrega un amor condicional y puro y se despide del Duende para nunca verlo más. Te conmueves al enterarte que el romance es tan solo algo de la vida y como tal es tan pasajero como el tiempo que tenemos para saborearlo.

Tu viejo sigue el camino del duende, tu lo notas y sueltas una lágrima. El ruido se ha incrementado al encontrarse con tu silencio, sin embargo, una niña muy rubia de unos cinco años se ha unido a la aventura de nuestro ahora amado y admirado duende del hongo. La nena voltea y te sonríe con complicidad, tu abuelo levanta la mano y señala al punto más lejano posible. Agudizas la mirada y lo vez gritándole al mar interminable para que calme su furia y lo deje cruzar sus aguas mortales con una barcaza hecha de pétalos y cáscara de patata. Negocia el paso del punto profundo con las truchas sobornandolas con gotas de miel y sangre de abeja, una delicia innegable para peces. Él aprende que los habitantes del agua son los espejos del mundo y que las mellas de azul son la cancion de la historia cantada a través de la luz. La nena te mira, posa un dedito en sus rojísimos labios para que hagas silencio. Estas no son cosas de los humanos.

Al llegar a la costa del mar interminable se acuesta y descansa. El cuervo más viejo que el tiempo vuela hacia el y se posa.

-Tu destino es un engaño. -Le dice el viejo cuervo.

-Eso no es lo que importa. -Contesta él, pacíficamente.

Sueña por lo que, en su tiempo, serían varios días. ¡Oh fortuna fantástica! Los tres hemos sido testigos de sus sueños. Historias llenas de tristeza y gloria. Cuentos muy importantes de contar en otras ocasiones.

Al despertar su aleteo es mas vigoroso y alcanza velocidades de espuma, impacta furiosamente al costado de las aves de caza de insectos cual corsario de la armada más furiosa en mares de piratas. Te  sientes marinero sortario en galeones en un mar de encantos y recuerdas lo que haz ganado en contra de abejas asesinas, dragones furibundos, mariposas fogosas, peces chismosos y un cuervo silente que dijo mucho más de lo que jamás se ha dicho.

Tu abuelo observa estoico cada uno de los movimientos del duende guerrero hasta que este alcanza los dos soles azules con manchas amarillas.

Una polilla mutilada, vieja y brillante aterriza en la frente de tu abuelo, el levanta la mano y le ofrece un dedo tosco y manchado. La polilla se posa en el y tu viejo la pone a distancia de vista.

-Regresa y diles que me haz encontrado, ya pronto estare con ustedes en casa.

La polilla hace un vuelo intenso y recto de dos o tres minutos mientras te pones de rodillas y abrazas a tu abuelo con lágrimas en los ojos, la nena te sonríe en la distancia.

Ahora los días secos ya no llevas libros, llevas manzanas y dátiles. Son los días en que tu abuelo te cuenta sus historias.


.anta

No hay comentarios: